San Lorenzo Bellizzi, Italia: un reencuentro con mi bisnonno

07/07/2025

El pasado sábado 5 de julio emprendí un viaje de kilómetros y de alma.
Volví al pueblo donde mi bisnonno nació y vivió parte de su vida: un rincón escondido entre montañas, donde el tiempo parece haberse detenido para recordarme de dónde vengo.

Un pueblo de silencio y susurros

Este pequeño lugar, casi recóndito, está en el corazón de la montaña.
Sus casitas abandonadas irradian paz, una paz tan profunda que de noche el silencio te envuelve: podés escuchar el crujir de la madera, el viento acariciando las paredes, tus propios pensamientos volviendo a casa.

Tuve el privilegio de dormir en el cuore del pueblo, de caminar por sus callecitas empedradas cargadas de historia. Hoy algunas construcciones nuevas intentan devolverle vida, atraer viajeros, hacer del olvido un destino.

La vista de las imponentes montañas es simplemente indescriptible. Los valles se abren como un abrazo, el río lucha por volver a fluir: parte de su cauce está seco, pero aún resiste, regalando una cascadita pintoresca que murmura suavemente.

La luna que nos une

Sentada en una escalera que apenas se sostiene, miré esa luna que compartimos todos: los que estamos y los que están en el mas alla…
Una luna casi llena, preciosa, iluminaba parte del pueblo junto a farolas antiguas, murales y escrituras que cuentan historias de un lugar que se aferra a su memoria.

Agradecí con el alma a mi bisnonno Lorenzo. Porque sin su historia, yo no estaría ahí, recorriendo esas mismas calles, respirando su mismo aire, leyendo mi propio apellido en carteles, hospedajes… incluso en tumbas de antepasados que me recuerdan que su legado sigue ahi.

Reconstruir para entender

La emoción fue indescriptible: llevo un apellido que es la mitad del pueblo.
Pensaba: ¿Cómo hicieron para sobrevivir tan adentrados en la montaña? ¿Cómo hizo él, con apenas 20 años, para cruzarla entera, subir a un barco y llegar a la Argentina en busca de un futuro mejor?
¿Cómo fue reinventarse en Chivilcoy, sin idioma, sin nada, trabajando como herrero y carrero en una tierra desconocida?

Cada pregunta es una semilla que me hace sentir más orgullosa de este legado.
No conocí a mi bisnonno en persona, pero lo conozco a través de su historia. Y desde este rincón le digo: Abuelo, gracias por llevarme de tu mano hasta aquí. Gracias por tu coraje, por ayudarme a reconstruir nuestra historia y abrazar lo que fue para cerrar ciclos con amor. Sé que estás con mi hijo Mateo, con mi abuelo, con mi papá, con todos los que nos esperan para un reencuentro algún día. Hoy te abrazo, te honro y te libero… gracias por todo lo hermoso que me dejaste.

Gracias por acompañarme

También quiero agradecer a Fran, un compañero de viaje que hizo que esta experiencia fuera aún más hermosa. Abrió su corazón y me acompañó en este reencuentro tan mío.
Gracias Fran, estaré agradecida eternamente.

Volver a mis raíces es abrazar lo que soy y lo que quiero seguir construyendo.
Cada paso es una promesa de seguir reconstruyendo la historia, honrando lo que fuimos y soñando lo que podemos llegar a ser.

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