Aceptar el desafío de trabajar como ayudante de cocina en Italia durante 31 días, de lunes a lunes, sin descanso, fue intenso, agotador y, al mismo tiempo, profundamente transformador.
Las primeras jornadas parecían interminables: 10 y hasta 11 horas de trabajo, transpirando al máximo en una dinámica gastronómica que nunca había experimentado. Al décimo día tuve una crisis: llorando entré a la cocina y le dije al chef que me retiraba. Salí angustiada, cansada, con las piernas latiendo, sin entender qué hacía allí. El día anterior había atravesado un momento de estrés en pleno servicio: no logré comprender un pedido entre el ruido de ollas, gritos, idioma distinto y adrenalina… y eso me quebró.
Pero lejos de encontrar maltrato, recibí contención. El chef, un ser humano increíble, me defendió y apoyó en ese momento. Mis compañeros —cada uno con su historia— me enseñaron más de lo que imaginan: la mujer que parecía ruda y resultó sensible, la joven directa y sin filtros pero con un alma madura, y otros tantos que me dejaron lindos recuerdos y sonrisas. Con ellos compartí cada dia, y lo mas valioso quedaron momentos grabados que nunca olvidaré.
Migrar a Italia y enfrentarse a lo inesperado
Cuando decidís migrar a Italia, te enfrentas a miles de escenarios: algunos hermosos, otros no tanto. Terminas haciendo trabajos que jamás imaginaste, tratando de comprender un idioma que apenas empiezas a dominar, enfrentando situaciones que nunca estuvieron en tu cabeza.
Sin embargo, hay algo que sostiene y no es un tema menor: la certeza de que trabajando podés acceder a lo que quieras. Algo que en muchos países —por malas gestiones o realidades distintas— no siempre es posible. Ese contraste me hizo valorar más que nunca esta experiencia.
Aprendizajes entre cansancio y resiliencia
Los días transcurrieron entre quemaduras, cortes, resfríos, cansancio extremo… pero también charlas, sonrisas y una extraña sensación de “voy a lograrlo” que aparecía incluso en los momentos más difíciles. Fue un verdadero volcán de emociones.
Al final, completé los 31 días. Enfrenté el desafío. Seguí adelante. Y hoy, al mirar atrás, siento un profundo orgullo, «LO LOGRE!»
Más allá del cansancio, me regalé a mí misma la certeza de que puedo lograr cada cosa que me propongo.
Y ese, sin dudas, es el mayor aprendizaje que me llevo de esta experiencia de trabajar en Italia.





